martes, 30 de junio de 2009

NCA: Miedo a un planeta adulto

Perla Sambá [www.ladinamo.org]

En los últimos tiempos hemos asistido al estreno en nuestros multicines de una serie de películas estadounidenses de fuerte raíz adolescente. Ya saben: sexo, porros, cerveza y majaderías. Muchos pensarán que se trata del mismo cine para pajilleros retardados de toda la vida. Sin embargo, más allá del mal gusto, las películas de la denominada Nueva Comedia Americana (NCA), protagonizadas por una generación de cómicos surgidos en la televisión estadounidense la pasada década, no sólo son cada vez más hilarantes sino que están recibiendo una acogida crítica crecientemente seria y elogiosa. Hablamos con los críticos Jordi Costa (El País), Hilario J. Rodríguez (Dirigido por), Quim Casas (El Periódico de Cataluña) y Carlos Losilla (Cahiers du Cinéma) para aclarar este extraño fenómeno.


GENEALOGÍA
Carlos Losilla: Creo que la única forma productiva de hablar sobre la Nueva Comedia Americana (concepto que se podría discutir ampliamente, pero para el cual quizá, por ahora, no tengamos repuesto) consiste en vincularla a la tradición de la comedia hollywoodiense. Primero, a la comedia de los años treinta y cuarenta, sobre todo a la screwball comedy, por su vocación testimonial que se manifiesta en la pretensión de dejar constancia de unas formas de vida relacionadas con el devenir histórico y social a través de la transgresión cómica. Y segundo, a ese tipo de comedia que empezó a gestarse en los años setenta con John Landis y John Belushi, y que perdió fuelle a medida que Hollywood se hizo más conservador, de manera que los ejemplares de los ochenta –Porky’s, etc.– no son más que pálidas fotocopias de productos mucho más elaborados de la década anterior, como Desmadre a la americana o la propia 1941, de Spielberg, un trabajo que deberíamos revisar para establecer esta genealogía.

TEMÁTICAS
Carlos Losilla: Se trata de tipos, adolescentes o jóvenes a punto de dejar de serlo, en perpetuo conflicto con el orden social visto desde todas las perspectivas, pues uno de sus objetivos prioritarios es la corrección política. Y en ese conflicto debe incluirse también su relación con el sexo opuesto, ya no problemática como en los tiempos de Cary Grant y Katharine Hepburn, sino sencillamente catastrófica, aunque a veces se resuelva mediante la formación de una pareja al margen del grupo de amigos que constituyen el refugio de esos adolescentes eternos. Esta confrontación entre el deseo de transgresión social y la nostalgia del grupo, de la comunidad, confieren a estas películas un inequívoco rosario de herencias y filiaciones, de Howard Hawks a Mitchell Leisen, pasando por Leo McCarey y Vin-cente Minnelli. Temas como la responsabilidad, el enfrentamiento entre la realidad y el deseo, la confusión entre lo real y lo ficticio, la máscara, etc., así lo atestiguan.

ESTILO
Jordi Costa: Salvo algunas excepciones como los mockumentaries de Christopher Guest o películas como Borat, la mayoría de nuevas comedias americanas no parecen plantearse la forma como problema: su estilo visual es transparente, académico incluso. Eso no es necesariamente malo: en el género, el discurso lo construye el cómico y que el estilo sea invisible no hace más que limpiar de obstáculos la comunicación entre el cómico y el espectador.

Hilario J. Rodríguez: La NCA está íntimamente ligada con muchas series de televisión, que han forjado los moldes con los que trabajan muchos directores o actores, entre otras cosas porque antes de llegar al mundo del cine pasaron por alguna de las sitcoms de más popularidad de los últimos años. En ese sentido, las características formales son más atenuadas. El gag visual se explota menos que el gag situacional o que el enredo narrativo. Ya no son comedias destrozonas, por así decirlo. Son más irreverentes con las antiguas propuestas y con su necesidad de cuestionar el mundo agrediéndolo, prefieren hacer sus cuestionamientos desde planos más discursivos. También ponen en entredicho las normas establecidas con la elección de los actores, que tienden a ser meros profesionales y no estrellas, como los de antaño.

APORTACIONES
Jordi Costa: Con respecto a sus antecedentes inmediatos, la NCA propone un modelo de comedia mejor escrito, más construido, más cerrado, sin renunciar a cierto componente de improvisación necesario para que el humor y la frescura no mueran en el proceso. El cambio que supone esta nueva generación de cómicos no es radical: no hay ruptura, sino continuidad y, en todo caso, cierta depuración de las formas. La comedia también es espejo de su contemporaneidad y, por eso, quizás una de las más importantes señas de identidad de la NCA es la incorporación de nuevos arquetipos cómicos que son reflejo de nuevos arquetipos sociales.

Quim Casas: Respecto a las aportaciones a la comedia estadounidense, se apartan de la línea inocua y romántica de films como Tienes un e-mail, por ejemplo (los productos mainstream com Tom Hanks y similares), y también de la línea ya agotada de Woody Allen, aportando una visión más sarcástica y vitriólica del mundo contemporáneo. En cuanto al cine comercial estadounidense, un poco lo mismo: son filmes políticamente incorrectos, aunque sin llegar a las tonalidades de los primeros Farrelly, por ejemplo, más burdos que brutos, y han creado un star system que funciona bien (Stiller, Owen Wilson, Will Ferrell, Vince Vaughn).

Hilario J. Rodríguez: Cuando uno piensa en buena parte de las comedias más recientes, se da cuenta de que en ellas aparecen actores ya consagrados, a los que no les queda ya nada por demostrar. Hablo de Dustin Hoffman (Los padres de él), Al Pacino (Perfume de mujer) o Robert De Niro (Una terapia muy peligrosa). Casi siempre, la presencia de este tipo de estrellas se debe menos a que busquen nuevos retos que a su uso como reclamo publicitario. Eso ha hecho que las comedias hayan ido poblándose de actores y actrices demasiado previsibles, que a menudo provocan una sensación de déjà vu, como si uno ya los hubiese visto más veces de la cuenta. Lo cierto es que el universo del humor parece monopolizado por las mismas personas y por las mismas estrategias. Por eso resulta tan gratificante encontrar a los actores que aparecen en Lío embarazoso, Vírgen a los cuarenta, Supersalidos o Juno.

Carlos Losilla: El hecho de que una de las obras maestras del género sea Zoolander, de Ben Stiller, plantea algunas cuestiones inquietantes: el papel que desempeña otro tipo de tradición, asociada con el cine estrictamente de consumo, la televisión y la cultura pop(ular) en general; las rupturas con los esquemas estructurales clásicos e incluso con lo que se considera el decoro del género (tradición conservadora que siguen otro tipo de directores y películas, éstas sí, asociadas al tema de la pareja heterosexual); la introducción de un cierto "mal gusto" (el cine de los hermanos Farrelly)… Todo ello hace que surjan a la superficie síntomas y características que coinciden con otro tipo de transgresiones: aquellas que está experimentando el cine de Hollywood en su conjunto, y que van desde las paradojas morales que plantea Clint Eastwood en sus últimas películas a la pintura de la tradición cinematográfica como deudora del concepto de lo siniestro, desde el David Lynch de Inland Empire al Paul Thomas Anderson de There Will Be Blood o el David Fincher de Zodiac. La NCA no puede entenderse sin este contexto.

LA NCA Y EL CINE DE ADOLESCENTES DE LOS OCHENTA
Jordi Costa: El grueso de comedias americanas de hoy no hablan de la adolescencia, sino de la perpetuación de la adolescencia fuera de sus márgenes naturales. Son reflejo de una generación de la inmadurez, un tanto ombliguista y encerrada en sí misma. En cualquier caso, cuando se afronta la adolescencia directamente, quizás las nuevas comedias tiendan a una mirada algo más conservadora que en los años ochenta. Personajes como el que encarnó John Belushi en Desmadre a la americana ya no parecen posibles: incluso a la figura más disfuncional se le reserva ahora un porcentaje de redención, se la sentimentaliza.

Hilario J. Rodríguez: Antes los adolescentes eran unos parias a los que se veía como anarquistas boicoteando la realidad, hoy son quienes no los respetan quienes de verdad parecen unos anarquistas, que se niegan a aceptar la importancia de las generaciones más jóvenes en la sociedad. Las nuevas comedias sobre adolescentes ya no se conforman con mostrarlos en plena borrachera o haciendo gamberradas, quieren explorar sus emociones y los retos a los que se enfrentan. En ese sentido, Juno me parece una película modélica.

¿SÓLO SE PUEDEN HACER CHISTES SOBRE ADOLESCENTES? ¿ES POSIBLE UNA SÁTIRA POLÍTICA?
Hilario J. Rodríguez: La comedia siempre ha sido, salvo honrosas excepciones, un género muy ligado al presente. A su manera, cada comedia ha intentado hacer un chiste de su propio momento histórico. Después de todo, las risas son el mejor antídoto contra las inclemencias del tiempo y los vaivenes de la economía, la guerra o la política, y a la vez son la mejor forma de contrabando de opiniones contrarias al Poder y a sus siniestros movimientos. Quizás ése sea el motivo por el cual se han hecho comedias sobre los acontecimientos más tristes, incluso sobre el Holocausto, que hasta hacía poco daba la sensación de ser un coto vedado donde sólo los intelectuales tenían cabida. También es importante tener en cuenta que entre llorar o reír, la elección está clara. Por si fuera poco, las risas son el mejor arma arrojadiza contra un gobierno o un partido político cuando éste quiere imprimir demasiada seriedad en la cara de las personas, eso explica el ácido corrosivo de muchas comedias norteamericanas actuales.

Jordi Costa: Imagino que la comedia fundamenta su éxito en la universalidad y no hay nada más universal que el mundo de las relaciones. Un buen ejemplo de buen cine cómico con verdadero mordiente político fue Borat: supo ver que el prejuicio cultural es, ahora mismo, el fundamento de nuestra relación con el otro.Hilario J. Rodríguez: Creo que las sátiras políticas siguen siendo posibles, aunque ya no de forma directa, como lo eran antaño, cuando se introducían en la Casa Blanca o uno de sus personajes era una parodia de un político o del presidente de Estados Unidos. Lo que sucede en la actualidad es que las comedias observan desde fuera la vida política, cuestionando qué es más gracioso, la vida real o la vida que llevan algunos políticos.

PELÍCULAS DESTACADAS DE LA NCA
Jordi Costa: El nombre clave en la NCA parece ser el del productor Judd Apatow. Hasta el momento, sus trabajos me habían parecido su-mamente divertidos, pero también inquietantemente pacatos y conservadores. La primera de sus producciones que me ha gustado sin reparos es Paso de ti [Forgetting Sarah Marshall]. Su secreto es su guionista y protagonista, Jason Segel, que parece tener un control absoluto de la identidad cómica que quiere forjarse.

Hilario J. Rodríguez: Mi comedia favorita de los últimos años es Lío embarazoso. Como sucedía hace apenas un año con Separados, de Peyton Reed, Lío embarazoso es una comedia que provoca más de una sonrisa congelada y que en todo momento recuerda el carácter transitorio de cuanto sucede a los protagonistas, además de la continua posibilidad de que su relación se destruya en cualquier instante. Al fin y al cabo, Judd Apatow no es un funcionario de la comedia, como puedan serlo Chris Columbus (Rent) o Tom Shadyak (Como Dios); es más un autor, similar hasta cierto punto a Andrew Bujalski (el director de Funny Ha, Ha y Mutual Appreciation, dos películas maravillosas que alguien debería animarse a distribuir por aquí) o a Noah Baumbach (Una historia de Brooklyn). De lo que no cabe duda es de que Judd Apatow no es tanto un constructor de situaciones cómicas cuanto un analista que sabe tamizar la realidad con el filtro del humor. Menos mal, eso sí, que no cae en las tendencias hiperbólicas de Kevin Smith (Clerks) ni en el mal gusto de los creadores de South Park, Trey Parker y Matt Stone.

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