lunes, 13 de octubre de 2008

EL TRAVELLING DE MUTANT BABY

En esta arremolinada vorágine de estrenos, ciclos, festivales y muestras, hemos pasado por alto (sin quererlo) el estreno de Mutant Baby.

Está película dirigida por el español (naturalizado argentino, joder!) José Bermúdez apela a los tradicionales mecanismos de producción de las películas de terror clase B (corta) con ciertas reminiscencias a los iconoclastas del género: Roger Corman y Val Lewton.

El argumento de Mutant Baby plantea los peligros de la manipulación genética y los límites que habitualmente suelen sobrepasar determinadas prácticas científicas que se mantienen en secreto mientras nosotros nos preocupamos por problemas más cotidianos, tal es el caso del divorcio de Pampita.

Innegablemente, este cuestionamiento se disfraza de crítica social a través de los recursos convencionales del cine de terror. De esta forma, Bermúdez se transforma en el nuevo George Romero del siglo veintiuno.

Ahora bien, ¿es posible que la utilización de los recursos estéticos hagan de esta película una obra auténticamente abyecta? ¿Es inmoral mostrar a un niño asesinando a sus padres (adoptivos)? ¿ El uso del ketchup es abyecto? ¿El parricidio es abyecto? ¿Bermúdez es abyecto?

Más allá de estas preguntas sin respuestas, indudablemente esta película esboza una inteligente alegoría: ese niño, hijo de experimento científico que mata a sus padres, es el símbolo de la rebeldía de un tipo de cine emergente y periférico que lucha (cuerpo a cuerpo) contra la salvaje maquinaria hollywoodense que domina la industria cinematográfica hoy en día.


Adolfo C. Martinez

2 comentarios:

Jota Bermúdez dijo...

En contra (un poco)

Disiento (afortunadamente) del Sr. C. Martínez. Hablar de la desatinada Mutant Baby como "inteligente alegoría" es toda irreverente exageración desproporcionada. Hablo, pues, de abyección. Mientras el susodicho crítico se detiene en enumerar toda una serie de preguntas sin (aparente) respuesta, se olvida (inexplicablemente) de la escena que provoca el mayor de los desesperos a cualquier espectador con dos dedos de frente. A uno de los protagonistas (por cierto, habla durante todo el metraje en un gallego inmundo), el bebé asesino le mutila buena parte de las piernas. La cámara desfilará (con entusiasmo) no sólo una vez, sino dos, para mostrarnos fatal desenlace. Recreándose en la tragedia, y emfatizado en el momento (patético y gratuito) en el que el personaje mire (de forma reiterada) a cámara. Todo un desafío a la moralidad del público.

Ahora entiendo el exilio (forzado) de Bermúdez. Ahora entiendo como dicho (infame) producto se proyecte en sesiones postergadas a la madrugada, ante público cansado (en ocasiones, bebido) e, incluso, en la Argentina...totalmente empanado.

Norberto Díaz (un lector apresurado)

Mi Mundo Maga dijo...

Coincido con el Sr. Martínez.
Bienvenido Bermúdez a la Argentina y ojalá pueda embeberse y empanarse hasta saciarse!